Y en verdad que los retó, y estos a la mater patriae de Roma, sino no se entiende tanta desgracia ni todas las pruebas por las que Julia Domna tuvo que pasar para mantenerse en el poder de Roma.
Tras la muerte del augusto Severo, Julia intermedia entre sus dos hijos para evitar una nueva guerra civil, hasta que su hijo menor Geta conspira contra su hermano instigado por el Senado de Roma. Tras la muerte de Geta a manos de su hermano mayor, Lucio Septimio Basiano, también llamado Caracalla, por su fama en el campo de batalla en el cual solo se cubría con esta capa para más agilidad a la hora de combatir, este accede al trono de Roma. Julia, su madre pacta alianzas con los partos, pero su hijo echa todo a perder y se comienza una batalla en la que tras traiciones, Caracalla es asesinado, accediendo al trono Opelio Macrino, quien llevaba tiempo planeando su acceso al poder.
Julia, cae enferma y le queda poco tiempo, su marido muerto, sus dos hijos asesinadlos y ella a las puertas de la muerte traza un plan, el cual llevará su hermana Maesa a cabo para derrocar al usurpador Macrino y conseguir que la dinastía de Julia siga en el poder.
Una novela que te descubre la ambición de Julia, que pudo con todo y contra todos más allá de su muerte. Escoltada en todo momento por su médico personal Galeno, su vida no dejará indiferente a nadie y te hace descubrir que hay personas que están destinadas a gobernar y a mandar por su simple naturaleza. Esta era Julia, Augusta de Roma en un mundo en el que solo los hombres podían mandar, pero que ella aceptó siempre su papel de secundaria, pero el cual usó para gobernar Roma en la sombra.
Trama, narración, diálogos y personajes espectacularmente conseguidos. Quizás el único pero que pondría a esta novela son los cónclaves de los dioses romanos, los cuales el autor hace responsables de todos los males que padece Julia, hasta su muerte, al final de la novela estos diálogos entre los dioses cobran demasiado protagonismo y restan verosimilitud a la novela.
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